¿Qué pasa en una buena clase de inglés que no ves desde fuera?

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¿Qué pasa en una buena clase de inglés que no ves desde fuera?

Desde fuera, una clase de inglés puede parecer bastante sencilla: un profesor delante de una pizarra, varios alumnos sentados, un libro sobre la mesa y una hora por delante.

Pero si pudiéramos entrar en el aula y observar lo que ocurre durante 60, 90 minutos, probablemente descubriríamos que una buena clase de inglés tiene mucho más movimiento del que parece.

Porque aprender un idioma no consiste únicamente en estudiar vocabulario, completar ejercicios de gramática o escuchar al profesor explicar una regla. Gran parte del aprendizaje ocurre precisamente en esos momentos que desde fuera pueden parecer menos importantes: cuando un alumno intenta expresarse y busca una palabra, cuando dos compañeros tienen que ponerse de acuerdo en inglés, cuando el profesor escucha sin interrumpir, cuando se corrige un error que acaba de aparecer o cuando una actividad obliga a utilizar una estructura que se ha trabajado previamente.

Entonces, ¿qué pasa realmente durante una buena clase de inglés?

El profesor no debería ser quien más habla

Una de las primeras cosas que probablemente llamaría la atención al entrar en un aula bien planteada es que el profesor no necesariamente es la persona que más habla. Su función no es ocupar todo el tiempo disponible explicando. Es crear las condiciones para que los alumnos utilicen el idioma.

Por supuesto, hay momentos en los que el profesor explica una estructura gramatical, presenta vocabulario nuevo, aclara una duda o proporciona un modelo de pronunciación. Pero una explicación de diez minutos no debería convertirse en una clase de diez minutos de escuchar al profesor.

El objetivo es que, una vez presentada una idea, los alumnos puedan utilizarla.

Por eso, durante una clase pueden producirse conversaciones entre profesor y alumno, pero también muchas otras situaciones:

  • preguntas y respuestas por parejas,
  • pequeños debates,
  • actividades de resolución de problemas,
  • role plays,
  • descripciones,
  • juegos lingüísticos
  • o tareas en las que el alumnado tienen que llegar a una conclusión utilizando el inglés.

El profesor habla, sí. Pero también observa, escucha, toma nota y decide cuándo intervenir. Y esa parte del trabajo no siempre se ve desde fuera.

Hablar en inglés no es simplemente “hablar por hablar”

Que los alumnos hablen mucho durante una clase es importante, pero no es suficiente. Una buena actividad oral tiene un objetivo detrás.

Puede tratarse de practicar una estructura gramatical concreta, utilizar vocabulario que se acaba de introducir, mejorar la fluidez, trabajar la pronunciación, aprender a argumentar una opinión o simplemente ganar confianza a la hora de comunicarse.

  • Por ejemplo, si estamos trabajando una determinada estructura, no tendría demasiado sentido que los alumnos simplemente repitieran diez frases idénticas. Es mucho más útil plantear una situación en la que necesiten utilizar esa estructura para conseguir algo.

De esta manera, el idioma deja de ser únicamente contenido que hay que memorizar y se convierte en una herramienta para comunicarse. Y también aparece algo fundamental: el error.

¿Y qué pasa cuando un alumno se equivoca?

Que un alumno cometa errores no significa necesariamente que una actividad haya salido mal. De hecho, los errores forman parte inevitable del proceso de aprendizaje de cualquier idioma. La cuestión está en qué hacemos con ellos.

En una clase, el profesor puede corregir inmediatamente un error, dejar que el alumno termine de expresarse antes de intervenir, tomar nota de determinados errores para comentarlos posteriormente o hacer que el propio alumno encuentre la forma correcta.

No todos los errores necesitan la misma corrección ni en el mismo momento. Si estamos realizando una actividad cuyo objetivo principal es conseguir fluidez, interrumpir constantemente a un alumno puede hacer que deje de preocuparse por comunicar y empiece a preocuparse únicamente por no equivocarse.

En cambio, si estamos trabajando específicamente una estructura o un aspecto de precisión lingüística, la corrección tendrá un papel diferente. Por eso corregir no consiste simplemente en decir “esto está mal”. También consiste en decidir qué corregir, cuándo hacerlo y cómo conseguir que el alumno aprenda de ese error.

El trabajo por parejas no significa que el profesor deje de enseñar

Otro elemento habitual de una clase de idiomas es el trabajo en parejas o en pequeños grupos.

Desde fuera, puede parecer que en esos momentos el profesor simplemente “deja trabajar” a los alumnos. En realidad, suele ocurrir todo lo contrario. Mientras los alumnos trabajan, el profesor puede estar desplazándose por el aula, escuchando conversaciones, detectando dificultades, comprobando si están utilizando correctamente determinadas estructuras o identificando errores que después será necesario trabajar con todo el grupo.

Además, trabajar con un compañero permite que cada alumno tenga muchas más oportunidades de utilizar el idioma. Si tenemos ocho alumnos y uno de ellos responde al profesor durante treinta segundos, ha hablado durante treinta segundos. Si esos mismos alumnos participan en una actividad por parejas durante varios minutos, las oportunidades de producción oral se multiplican.

Y no solo se trata de hablar. Los alumnos también tienen que escuchar a sus compañeros, comprender diferentes formas de expresarse, reaccionar ante lo que otra persona dice y adaptar su respuesta. Eso también es comunicación real.

¿Qué pasa en una buena clase de inglés que no ves desde fuera?

Escuchar también forma parte de aprender a hablar

Una clase de inglés tampoco debería reducirse a producir el idioma.

El listening tiene un papel fundamental. Pero escuchar no significa simplemente poner un audio y comprobar las respuestas. Antes de escuchar, los alumnos pueden hacer predicciones sobre el contenido, identificar información que creen que aparecerá o trabajar determinado vocabulario. Durante la actividad pueden tener que identificar ideas principales, información específica, opiniones o detalles concretos y después, pueden utilizar aquello que han escuchado para hablar, debatir, responder preguntas o realizar otra tarea.

De esta forma, el listening deja de ser una actividad aislada y pasa a formar parte de una secuencia de aprendizaje.

Una clase de 90 minutos no son 90 minutos de ejercicios

Una sesión de inglés puede combinar muchos tipos de trabajo. Puede comenzar con una breve actividad para recuperar contenidos de clases anteriores. Después puede introducirse vocabulario o una estructura nueva. A continuación, los alumnos pueden trabajar con ejemplos, practicarla de manera controlada y utilizarla posteriormente en una actividad más abierta.

Puede haber un listening, una actividad por parejas, una explicación breve, una lectura, trabajo de pronunciación, corrección conjunta o una conversación. No todas las clases tienen que seguir exactamente el mismo esquema.

De hecho, una buena planificación implica saber cuándo cambiar de actividad, cuándo insistir en un contenido porque todavía no está consolidado y cuándo avanzar porque los alumnos ya están preparados para utilizarlo de otra manera.

Lo que no se ve desde fuera

Quizá la parte más importante de una clase sea precisamente la que resulta más difícil de observar desde fuera. Un profesor está tomando decisiones constantemente.

  • ¿Este alumno necesita más tiempo para responder?
  • ¿Este concepto no ha quedado claro?
  • ¿Hay que corregir este error ahora o posteriormente?
  • ¿Está participando todo el grupo?
  • ¿La actividad está siendo demasiado fácil?
  • ¿Necesitan más vocabulario para poder continuar?
  • ¿Es el momento de intervenir o es mejor dejar que sigan intentando comunicarse?

Una buena clase no consiste únicamente en tener buenos materiales o seguir una página del libro. Consiste en saber qué necesita el grupo en cada momento y adaptar la enseñanza a ello.

Al final, aprender un idioma requiere utilizarlo

Cuando una familia pregunta qué se hace durante una clase de inglés, es normal hablar de niveles, contenidos, libros, exámenes o número de horas semanales. Pero quizá haya otra pregunta igual de importante:

¿Qué hace realmente el alumno durante ese tiempo?

Porque aprender inglés no consiste en pasar 60 o 90 minutos delante de un profesor. Consiste en escuchar, comprender, preguntar, responder, equivocarse, corregirse, negociar, explicar, repetir, probar otra vez y, poco a poco, conseguir hacer en inglés cosas que antes no se podían hacer. Eso es lo que intentamos que ocurra dentro del aula en The Good English Academy. Una buena clase de inglés no siempre es la que desde fuera parece más ocupada. A veces, mientras el profesor habla menos, los alumnos están aprendiendo más.